Esperanzas que no se pierden

Por alguna razón, las mujeres somos propensas a mantener de por vida en nuestras cabezas el cuento del Príncipe Azul que nos inculcaron cuando niñas, tenemos cierta tendencia a mantener (como ya lo he dicho) relaciones al estilo de Mr. Big&Carrie en Sex and the City, nos gustan los hombres dificiles, porque siempre es un reto mantenerlos interesados, regenerarlos. Pocas cosas son tan emocionantes para la mayoría de las mujeres como tener un hombre de este estilo sumergido en una relación interminable y hasta masoquista con ellas, el hecho de que la relación termine pero el hombre de una u otra forma siempre regrese para llamar, implica para la mujer una sensación prácticamente indescriptible que se traduce en algo como “pase lo que pase siempre termina cayendo aquí”, el problema de este tipo de relaciones es que uno quiere al hombre tal y como es, de hecho tanto los queremos así que si aparecen por nuestras vidas otros hombres que no nos amarguen la vida sentimos que la relación está incompleta y se encuentra destinada al fracaso, esto es lo que yo llamo el Síndrome de la Pérdida, nada hace tan especial una relación como saber que puedes perder a la persona en cualquier momento y por cualquier razón, así que te gastas el tiempo inventándote nuevas formas de mantenerle interesado. Este tipo de hombres son emocionalmente nulos y se cierran tan herméticamente que, a pesar de cualquier gesto que éstos tengan es imposible para una mujer conocer a ciencia cierta cual es su situación con ellos. Probablemente lo más grave sea que siempre se mantiene la esperanza de regenerarlo, de ganar la batalla que tienes con él mismo y con el resto de las mujeres del planeta para que ese individuo increíblemente egocéntrico se fije realmente en tí, esa lucha por no ser una más de las cuentas, que lleva aparejada el anhelo por ser la elegida; resulta que si por alguna razón terminas obteniendo justo lo que querías y el hombre te elige sales corriendo, huyendo por la derecha o por donde mejor puedas porque comienzan a manifestarse los temores ocultos: ¿habrá cambiado?, ay no pero ese nunca me va a ser fiel ellos no cambian, yo lo quiero es verdad pero cómo voy a compartir mi vida con alguien que yo sé que solo se quiere a sí mismo; y es por ello que la relación se convierte en un círculo vicioso que el tarot de Marsella representaría sabiamente mediante la Rueda de la Fortuna “dos personas que no pueden estar juntas pero tampoco separadas, se encuentran estancadas y no evolucionan”, éste se manifiesta en situaciones repetitivas que pueden describirse así: hombre aparece, mujer acepta hombre, hombre vuelve a poner la torta, mujer bota al hombre, hombre aparece….y justo allí comienza nuevamente el ciclo.
Ahora bien, quién podrá negar honestamente que alguna vez en su vida ha mantenido el oculto anhelo de amarrar a un hombre así, más aún quién puede negar que este tipo de relaciones son geniales porque logran mantenernos interesadas ¿que son dolorosas? claro que sí y muchas mujeres hallan cierto placer en eso. El detalle con estas cosas, es que cuando vimos el capítulo final de Sex and the City, sentimos que él podía cambiar, que si Big durante tantas temporadas mantuvo una relación tormentosa con Carrie sólo para descubrir al final que ella era la mujer de su vida, el nuestro también puede hacerlo….pero la vida no es así y en realidad los finales felices son irreales, no existen, normalmente el hombre no cambia y en la realidad la mujer que lo acepte es bien pendeja, por eso es que lo más lógico en una situación como esa es decir “tu tiempo se acabó y ya te esperé durante muchas temporadas de esta serie” y salir triunfante de la situación con la frente en alto…lamentablemente no hay series, películas, ni mucho menos cuentos de hadas que nos enseñen a hacer esto y la única razón por la que hay hombres que están totalmente seguros de que esa Carrie Bradshaw que todas llevamos dentro va a estar allí esperándolos y va a correr a sus brazos cuando ellos por fin se aburran de las demás, es porque esa mujer dentro de nosotras se lo ha demostrado así.
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