Extrañarte

¿Debo llamarte triste y entre lágrimas para que sientas que existe un torrente de penas corriendo por mis venas y creas que una herida mortal azota mi pecho cuando no estás? No puedo mentirte, porque no fui hecha para los engaños, yo no sangro cuando no estás, ni te voy llorando por todos los bares de esta inmensa capital.
No sé extrañarte trágicamente, ni añorarte como si hubieses muerto, no podría beber cicuta para fallecer y así alejarme de este tormento. Yo, en cambio te extraño mansamente, como un galgo oxidado a sus antiguas carreras, como la planta a la lluvia durante el verano o como el lobo a su amada blanca en luna nueva.
Te extraño sí, pero con certeza, porque sé que como el río que siempre vuelve a su cauce, no podrás mantenerte alejado por mucho tiempo. En algún momento, yo lo sé, habrás de extrañar mis labios recorriendo tu barbilla, mis besos mojando tu barba y el intenso vaivén de mis caderas junto a las tuyas.
No podría culparte por tu inmadurez ahora, porque apareces como cualquier cachorro que toma juguetes y los desgasta, sólo para abandonarles después a su antojo. Madurez habrá de llenar tus huesos que por estas tierras viajan errantes y yo habré de redimirlos de muy buen talante, con este cariño que sin extrañarte, desata una pasión de la que estás preso y, entre las gentes, merodeas buscando algo, que sin tú saberlo…hace mucho hallaste.
LYCETTE SCOTT

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