Algo viejo

Cuando recién te has tumbado en mi, despiertas una actitud ganadora, por tus cabellos gotea néctar que cae sobre mi pecho y recorre la línea de mi abdomen para morir en mi sexo.
Te levantas luego a mirar el día y me das la espalda para que pueda observar la perfección de tu cuerpo sátiro después de regalarme una exposición prolongada al placer carnal que cualquier doctor entendido encontraría contraproducente para el corazón. Yo, en cambio, me hallo en perfecta salud al sentir tus caderas rozar las mías, primero dudosamente, para terminar ahogando las sábanas en mis líquidos humeantas.
Cuando estoy en tí compruebo el perfecto estado y de mi corazón y respiración que se aceleran en el momento justo en que tú logras hallar el punto donde muere mi humanidad entera.
En algunas horas te dejo estar en mí, creer quizás que por tí amanezco, despertar sobre mi de nuevo, como si lo hicieras en el pecho materno, saborear mis jugos, escuchar mi placer extasiado con la sinfonía de dos cuerpos que se reunen para ofrecer un concierto de placer cotizado. Te permito hurgar en mi humanidad un rato, para despertarte luego de ese sueño que te distrae tanto, me levanto pronto a recoger los restos de la batalla que hemos librado y, con la algarabía del deber cumplido, me retiro entonces a continuar mis años.
Lycette Scott

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