El amor ausente

Cuando volvi a encontrarte deseé con ansias detener el tiempo, me había jurado olvidarte pero te llevaba tan adentro de mi que ni desangrándome podría eliminarte de mi sistema, eras como un virus, como la peste que una vez contraída me consumió. Lllegaron a mis tierras otras semillas pero sólo las tuyas echaron raíces en mi sistema nervioso, porque el cuerpo es caprichoso y suele cerrar sus oídos a los consejos sabios de la consciencia. No podía seguir intentando que esta corriente de luna llena que me consume cuando te acercas no me llevara a sus profundidades porque fuiste en mi un mar de leva, un maremoto incontrolable.
Yo fui en tí un conjunto de horas que pasaron por tu vida y, sin embargo, tú en mí eres las horas, los días y el tiempo, busco con desesperación detenerte cuando estás en mi, para que no pases, para que la humanidad entera se vea obligada a detenerse y aplaudirnos, si es que quieren recobrar el ritmo natural de las cosas.
Te busco incansablemente, casi puedo sentirte en los lugares en que mi oído acostumbra tu pecho, llenándome tus latidos como una avalancha de gemidos maternales que me encierran en un profundo sueño.
Quise detener el tiempo cuando estuviste en mi, pero él no accedió a mis peticiones, me juré olvidarte para siempre, pero la voluntad me faltó, pedazo de mi que escapaste en otros brazos, recuerda que echaste raíces en mi y que soy como tu tierra madre, para que regreses a mí cuando emigres del corazón en que has estado retoñando todo este tiempo.

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