Reflexión…


Por alguna razón en los últimos días he tenido un exceso de reflexividad, me he puesto a ver para atrás y para adelante, también para los lados. Le comentaba a Depeco ayer acerca de lo que mi psicólogo llama Testigo Observador, que es una herramienta muy útil para juzgarnos a nosotros mismos (una de las cosas más complicadas en la vida, porque tendemos a creernos casi perfectos) y también para descubrirnos porque nunca llegamos a conocernos completamente (no a los demás, sino también a nosotros); el testigo observador consiste simplemente en vernos a nosotros mismos en otra perspectiva, es decir, en tercera persona, tratando de ser objetivos sobre lo que descubramos, pudiendo así descubir defectos y virtudes que conforman nuestra personalidad, lo cual nos ayuda mucho a cambiar actitudes poco convenientes o agradables, así como aquellas que desaprobamos.
Ese testigo observador se me ha acentuado de tal manera que no sólo lo hago conmigo misma sino con los demás, lo cual me ha hecho reparar en algunas cosas, me he dado cuenta de que muchas de las personas que tengo a mi alrededor han cambiado muchas cosas en su personalidad, cosa que en cierta forma es lógica cuando esa persona se rodea de otras que no la aceptan, porque supongo yo que se trata de un mecanismo de defensa que busca aceptación, pero cuando las personas son aceptadas aún mostrando sus verdaderas personalidades ¿por qué entonces se esconden tras los muros?. Esos recientes cambios que he podido observar en algunos conocidos me han hecho pensar que razón tenía Raquel (mi mejor amiga) cuando me decía hace unos cuantos meses algo como esto: “…hay amiga es que tú eres muy pendeja en la vida con algunas cosas, la gente no cambia, la gente es coño e’ madre y en algún momento se destapa, mostrándose tal como es….”, claro no siempre los cambios o “destapes” reflejan cosas malas, pero este descubrimiento quizás tardío me ha hecho sentir que “…mientras más conozco a la gente más quiero a mis perros…”.
Por cierto que últimamente y gracias a mi etapa hiper-reflexiva he podido recordar lo mucho que me gusta la tranquilidad, la soledad, la compañía de mis perros y de un libro, sentarme a mirar al mar pensando en cualquier cosa, mirar al techo con la luz apagada, mi espíritu ha aprendido de nuevo a recrearse con las cosas simples como diría Jaime Sabines, incluso he recuperado la inspiración para escribir, estoy muy contenta, aunque la verdad también espero superar esta etapa pronto, porque eso de estar físicamente en un sitio y mentalmente en otro, no siempre es bueno.
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