Ahhhhh… Las Hallacas


Me había rehusado a hacer este post porque no quería sentimentalismos, pero hoy llegué a mi casa y parece que todos mis vecinos están haciendo hallacas, porque el olor tiene mi cuarto impregnado, inevitablemente eso me trajo dulces recuerdos. Es probable que alguna vez hayan oído una canción que reza: “…digan lo que digan no discuto más, la mejor hallaca, las de mi mamá..”, pues bien, creo que no hay nada más cierto que esa frase, en mi caso las mejores hallacas (bueno bollos porque no como hayacas) eran las de mi abuela, a quien desde muy pequeña llamaba Mamá, precisamente por eso no quería hacer este post, porque una de las cosas que menos entusiasmada me tienen en esta navidad es saber que este año y de ahora en adelante no volveré a comer esas hallacas tan únicas, ni el pavo, ni el pernil. Nuestro querido amigo Melvin me recomendó que intentara hacerlas yo y que seguró me saldrían muy bien, creo que el año entrante haré esa prueba, por ahora me conformo con relatarles el significado de las hallacas para mí: este rico plato venezolano evoca para mi, algo más que los regalos navideños, trae consigo los recuerdos de mi infancia, recuerdo que solíamos reunirnos todos los de la familia a hacer las hallacas en la parte de atrás de casa de mi abuela, en un mesón grandote en el que cada quien tenía una labor (uno ponía las alcaparras, otro la masa, mi mami amarraba las hallacas, etc), por supuesto en medio de tragos y bochinche, así que el recuerdo más cercano que tengo de este plato, apartando la imagen de mi abuela, es el de las reuniones familiares. Por alguna razón me viene a la mente una imagen de mi abuela torciéndole el pescuezo a una gallina para hacer la ensalada, pero no estoy segura de si es un recuerdo o alguna pesadilla que tuve de chamita, pero es probable que esa sea la razón por la que no pude probar dicha ensalada sino hasta hace unos tres años, porque antes me daba asco.
Definitivamente una de las cosas que más extrañaré de mi abuela es su cocina, porque ella me enseñó a comer, mi mamá siempre dice que heredé su sazón, aunque algunas cosas son imposibles de igualar, pero ciertamente ese chef criollo es la imagen de mi abuela, que hacía bollos extras para mí, que hacía torta de pan y de cambur, que hacía hallaquitas de plátano y siempre me las regalaba con gran emoción, pero que en navidad se lucía con Pavos, Perniles, Ensaladas, Hallacas y Bollos exquisitos e inigualables. El año pasado, preparó sus hallacas con gran emoción y todos se las comieron callados, pero armaron un bochince porque no le habían quedado muy buenos, al parecer con los años perdió la sazón y estaban insípidas, a mi realmente me parecieron igual de divinos sus bollos, recuerdo habérselo comentado a mi mamá, me atrevo a afirmar que este año muchos en la familia desearían comer las hallacas de mi abuela, aunque volvieran a quedar como las del año pasado…en cuanto a mí, insisto en que “…digan lo que digan, no discuto más, la mejor hallaca las de mi mamá…” y el año que viene me haré el propósito de preparar mis propias hallacas, aunque no sé de dónde sacaré la receta.

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