EL TESTIGO.


A continuación les presento un artículo pubicado ayer, domingo 20 de noviembre de 2005 en el Diario El Nacional, por Alberto Barrera Tyszka, el artículo se titula igual que este post: “Estimado doctor:

Después de ver todo lo que ha ocurrido en el país en los últimos días, y después de consultarlo hondamente con mi almohada, que es como mi conciencia pero un poco más blanda; finalmente he decidido ponerme en contacto con usted. Como sé que es un hombre muy ocupado, no deseo distraerlo con formalidades inútiles. Por eso voy a ser directo. Al grano: quiero ofrecerle mis servicios como testigo.

Me llamo Moisés y tengo 32 años de edad. Nací cerca de Maturín, en Morichal, pero ya llevo tiempo viviendo en la capital. Le haré el cuento corto: yo soy el triple de Patricia Poleo. Quizás a algunos les suene raro, este pais está lleno de gente desconfiada, pero usted y yo ssabemos que los triples sí existen. Cuando usted, públicamente, habló de la doble de esa periodista, diciendo además que se trataba de una mujer bella, sin quererlo me hizo un gral halago. En realidad, la persona a la que usted se refería no era su doble sino yo, su triple. No fue fácil, créame. Sobre todo cuando me tocó ir a Panamá en falta. Había un viento…la doble estaba en Miami y a mí me mandaron a Panamá a reunirme con el doble de Escalante y con el triple de un empresario de apellido raro, medio bajo y medio alto, ni muy flaco ni muy gordo, así-así, pues, usted sabe, tan igual a usted o a mí, tan gente común.

Nos dejamos ver un rato. Hablamos ruidosamente. Eso era parte del plan. Yo saqué un afiche de la víctima, los otros sacaron billetes verdes y algunas armas. Dijimos ‘¡Pum! ¡Pum!‘, varias veces, cada vez que pasaba cerca un mesonero. Eso era lo que dictaba el guión. Luego, en la noche, en la habitación, nos relajamos un poco, nos pusimos a jugar carga la burra y estuvimos conversando, incluso planeamos crear un sindicato de dobles y de triples. Un sindicato único o un sindicato bolivariano: nosotros también tenemos derechos.

Yo soy de los que piensa que la gente se enrolla demasiado. Las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen, pero, claro, los medios de comunicación siempre necesitan enredarlo todo. Los que producen los cangrejos son los periodistas y no los policías no los funcionarios judiciales. Eso pienso yo. Fíjese, por ejemplo: la primera vez que me contactaron estos conspiradores fue a través de un aviso clasificado. Para que vea cómo son las cosas. Era un anuncio sencillo que decía: ‘Grupo escuálido, fascista y golpista solicita personal de confianza para la realización de acciones desestabilizadoras’. Proponía un paquete de 14 meses al año y un bono especial en Cestatickets. Y aparecía un número de teléfono fijo y dos celulares. Yo llamé, me dieron una dirección y listo. Era una casa de familia. Uno llegaba, conocía a la gente, estaban todos ahí, de lo más tranquilos. Hasta me ofrecieron una cervecita. ‘Aquí andamos, chamo-me dijeron-, viendo a ver a quién nos echamos al pico’. Esa misma tarde firmé contrato, con una cláusula de exclusividad además. Dijeron que tenían competencia. Que ya había otra gente en el mismo negocio.

Pero a la hora del trabajo la cosa era muy seria. Desde el primer momento, en la chamba, ya uno empezaba a sentirse dentro de una corporación siniestra. Todo lo manejamos con estricto cuidado, siempre vigilando los detalles, evitando despertar cualquier suspicacia. Hacíamos reuniones secretas en el Parque del Este. Su nombre clave era ‘picnic‘. También tuvimos varias asambleas clandestinas en el boulevard de Sabana Grande. Y estaban los encuentros ultra secretos en la plaza Bolívar. Si veíamos a alguien que parecía ser afecto al gobierno, teníamos la instrucción de disimular de inmediato. Nunca sospecharon nada. Ni siquiera cuando empezamos a hacer una colecta pública, pidiendo dinero para comprar explosivos.

Ahora ya estoy dispuesto a hablar, doctor, a decirlo todo. Yo fui un testigo cercano. Se lo juro. Usted dice un autobús, pero yo digo un tren. Metamos ahí a todo el que nos parezca medio dudoso. Seguro que tuvo algo que ver. Es cuestión de estrujar un poco la memoria. Si usted me da el nombre, yo ahí mismo lo recuerdo. Seguro. Ese es el mejor métido.

Estoy tratando de decirle que yo sirvo para todo lo que usted ha dicho y para mucho más. Yo, por ejemplo, vi a un hombre catire, que más que hablar a veces disparaba las palabras, y al que algunos lo llamaban Pekón o algo así, ¿le suena? También en una reunión alguien dijo de pasada: ‘Eso lo resuelve Marcel’. ¿Cuántos Marcel puede haber en este país?¿Y Marcel que, además, puedan resolver algo? Por lo tanto, Granier también está implicado. Hubo un tipo que llegó a una de esas asambleas clandestinas con un ejemplar de El Nacional bajo el brazo. Super sospechoso, pues ¿No será que Otero también tiene las manos metidas en esto? créame, doctor, yo estuve ahí. Yo ví, yo palpé, yo sentí, yo olí. Le estoy hablando desde las entrañas del monstruo, como dijera Martí y como cantaba el Trabuco.

Espero que piense mi oferta, doctor. Ahora que los periodistas, nuevamente, vuelve a compotarse de manera inaceptable, haciendo tantas preguntas, investigando, juntando dudas sobre su testigo principal; ahora quizás es el momento, mi momento, doctor. Tenga fe. Confíe en mí. es mi palabra contra la palabra de ellos, es así como se hace justicia ¿o no?”.

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